viernes, 14 de septiembre de 2012

Mi hermano.


Era una tarde calurosa de verano y me encontraba tumbada encima de la cama descansando cuando de pronto me desperté sobresaltada por un ruido en la habitación de mi hermano. Me extrañó porque creía estar sola en la casa.
Escuché la voz de mi hermano mayor con su novia del momento. Él me lleva 10 años. Es muy atractivo, alto, fuerte con el pelo negro y los ojos azules. Tengo envidia de su novia y desde siempre he sentido adoración por él.
Por los sonidos que hacían intuí que también se pensaban solos en la casa.
Suspiros, gemidos y el vaivén de una cama inundó mis oídos y empecé a excitarme. Acerqué la mano sobre mis braguitas mojadas y me concentré en escuchar. Cerrando los ojos, me imaginé yo en esa cama con mi hermano. Sus brazos me abarcaban toda y sus besos me estremecían. Me quité las braguitas y seguí rozando mi sexo. El clítoris se endureció.
Estaba en ese mundo imaginario cuando de repente escuché hablar. Empezaron a levantar la voz; ya no gozaban si no que discutían por algo. En pocos minutos escuché un golpe. Era alguien que había salido de la casa dando un portazo.
Rápidamente dejé lo que estaba haciendo y poniéndome boca abajo me hice la dormida para no levantar sospechas. Me quedé tendida inmóvil con solo una camisola cortita pero ya no me daba tiempo a ponerme nada más.
Al poco la puerta de mi habitación se abrió. Aguanté casi la respiración. Sentí vergüenza pero también morbo, deseo de que viera que no llevaba braguitas. Dudé pero separé las piernas al moverme. Quedando el blusón justo a la altura del sexo. Me excité más y noté que mi hermano seguía ahí. No quería que se fuera y seguí con los ojos cerrados.
El sexo palpitaba, y volví a separar más las piernas dejándolo bien visible. Necesitaba saber que pasaba y con la cabeza de lado abrí como pude los ojos. No podía dar crédito… estaba delante de mi a apenas dos palmos, arrodillado mirándome fijamente. Se estaba masturbando y se iba acercando y al llegar a mi coño, respiraba hondo. La situación me puso a mil. Sus respiraciones aumentaban de intensidad. Cuando noté que ya no tenía retorno; que ya no podía parar, moví las caderas y fue cuando él me rozó con los dedos la rajita. Se estaba corriendo encima de mis nalgas con un larguísimo oohhhhhhhhhhh
Yo seguía quieta mientras se levantó a toda prisa limpiando el desperfecto y sin mediar palabra salió de la habitación y de la casa.
Feliz me di cuenta de que seria el inicio de lo que tanto tiempo había anhelado. Aunque momentáneamente estuviera avergonzado con el paso de los días volvería a mi. Estaba convencida de ello y así fue. 

jueves, 2 de agosto de 2012

¿Que qué quiero?

Es fácil... Quiero estar contigo. Quiero besarte la boca, jugar con tu lengua y morderte los labios. Quiero acariciarte con dulzura y revolver tu pelo con mis pequeñas manos. Quiero sentir tu cuerpo contra el mio, y que nuestro amor se note a través de la ropa. Quiero mirarte a los ojos y ver el brillo del cariño, quiero que cuando me mires no solo veas a una niña asustada, enamorada e inocente, sino también a una chica madura, salvaje, capaz de romper las reglas por tí.

jueves, 12 de julio de 2012

Lolita!'

Amor mío
el pato de la bañera que oscilaba en el agua,
y dibujaba burbujas en las ondas tristes
-se ahogó-
Ayer la lechuza vino a mi ventana y me contó
de su reencarnación en un cielo de plástico;
pero no le creí.
¿Cómo habría de hacerlo?
Si hasta ayer para mí la piromanía de una cerilla
era el odioso candelabro extraviado de un paraíso.
Me senté a evocar las marcas de un rostro opaco:
Unas cuantas pecas saltaron en mi nariz
y esos labios en forma de corazón,
me arrumaron las vértebras.
Quise encontrar el amor ahí escondida en el armario
pero mis manos se empeñaron en anudar cuerdas
amarrarlas en las vigas y colgar de ellas,
a unas cuantas aves odiosas de una vecina.
Después de eso, revisé tu blazer
hurgué sus bolsillos y encontré unas cuantas colillas
-Las lamí hasta que me escocieron la lengua-
Lo extendí en mi cama, y me trepé en ti,
hice el juego del monito, ¿lo recuerdas?
Terminé tan cansada, y adolorida.
Después bebí un vaso de leche, comí unas cuantas bananas
y al borde del sueño, vi de nuevo,
al elefante rosado acostado a mi lado.
Lo besé hasta la madrugada…
Fue cuando de nuevo necesité del armario
y mis manos se convirtieron en espuma.

Ojalá regreses pronto para limpiar este desastre.

lunes, 9 de julio de 2012

No te enamores de él

Generalmente cuando nos dicen que no hagamos algo es cuando más deseos tenemos de hacerlo. No hay que tentar al diablo y menos el que llevamos dentro.
Me hallaba acostada en mi cama, envuelta entre sábanas y sábanas para mitigar el frío. Amo pensar cuando estoy tapada completamente de los pies a la cabeza y todo se vuelve oscuridad, me hace sentir como en un sarcófago. Placeres extraños, lo sé.
Voces extrañas inundaron el cuarto: No te enamores de él, no te enamores de él, no te enamores de él…
Siempre hay un antes y un después de ciertos sucesos. ¿Quién dijo que la vida es fácil y peor aún cuando se trata de “cosas” del amor? Peleamos por una manzana y fue ahí que te conocí. No sé en qué momento nos convertimos en un pecado mutuo. Mordiste y yo también.
Aunque las cosas apunten a que deba alejarme de alguien como tú, pues la gente lo repite tantas veces, sin embargo no lo hago, me agrada enfrentarme a algo diferente. Tus garras asesinas y siempre bañadas en sangre, tu mirada malvada, tu egoísmo y brutalidad para defender lo que es tuyo me hace seguir contigo.
“No, no estés con alguien así, no es como tú”, me vuelven a decir constantemente pero no hago caso.  Sé que no es el lobo ideal, ni el príncipe azul con el que las seudo princesitas sueñan. Pierda o gane es asunto mío, aunque no dejo de agradecer su preocupación. Y si me vuelvo quizá una asesina también, entonces será porque así lo quise.
Un alma de licántropo es por naturaleza salvaje, hay que dejar salir a flote lo que realmente somos. Me enfrento como humana, me enfrento como una mujer lobo. Controlarlo no es fácil porque es parte de mí. Abrazo, pero también muerdo.

viernes, 6 de julio de 2012

Fuiste!'


Fuiste un capricho, ahora eres mi debilidad. Me miro en tus pupilas, que reflejan mi felicidad; pero no puedo ignorar ese dolor que se esconde allí. Te necesito conmigo, pero no quiero tenerte, no me haces bien. Me muero si no estas, pero quiero sentirme feliz, sin ti. Abrázame y no me sueltes nunca, vete rápido y no regreses jamás.
¿Por qué no puedo darme cuenta de lo que sucede? te necesito pero... no te necesito. Sé que alguien me va a entender, sé que alguien siente lo mismo que yo, sé que alguien llora como lo hago yo, por la misma situación.

domingo, 19 de febrero de 2012

!~Pecados~!



                                     PECADOS

Olor a incienso… rezos de fondo. Luz tenue del titilar de las velas. Me persigno al entrar en la iglesia; frente, corazón, hombro izquierdo, hombro derecho… Boca… Aspiro el aroma de mis dedos. Olor a sexo; a tu parte, a mi parte. Me mojo sin darme cuenta. Se me calienta la entrepierna y me late la zona enrojecida y extasiada. No deberíamos haber tenido sexo antes de que yo acudiera a la misa. Tomo sitio alejada de la gente. No sé hasta qué punto puede cualquier hombre percibir el olor que aun desprendo; sudor y semen, mi corrida pegada a las bragas… tu corrida recordada en la punta de la lengua, allí donde te probé y saboreé, allí donde reposaste luego tranquilo. Escondo el escote bajo un chal, pero el calor del verano me obliga a abrirlo todo lo que el decoro del lugar lo permite. Marcas de dedos apasionados me tienen surcada la piel que no quiero ofrecer a los ojos curiosos de los devotos asistentes. Saco el abanico y oculto el rubor de mi rostro tras la madera pintada a mano; un poco de frescor en un ambiente cargado, un poco de aire que seque el sudor que me tiene el cabello pegado a la cara. La gente me saluda; caras conocidas de todos los domingos. ¿Cuántos lo harían si supieran como acabo de hacértelo hace escasos minutos? ¿O cuantos tienen perversiones mayores que las mías, secretos sexuales tan ocultos que deben acudir, como yo, a la iglesia? ¿Venir al recinto para rezar por la salvación de un alma maldecida por las pasiones carnales…? ¿Solo a eso? Benditas pasiones, y bendita tu carne enterrada en la mía. La voz monocorde del párroco invade la alta estancia. Me relajo bajo su calidez, esperando que mi asistencia sirva para disolver mis pecados. Cierro los ojos. Rezo. Pero mi vulva sigue ardiendo por tus embestidas y mi boca conserva aun el sabor de tu semen. ¿Cómo centrarse con los sentidos tan llenos de sexo? ¿Cómo hacer caso al santo padre si mi alma está tan inquieta y embravecida que no puedo sino sentirme perdida? Cánticos. Los sigo, los conozco. Pero mis labios desearían estar entretenidos en otras cosas…

Se me sigue mojando lo que ahora debiera estar tranquilo, y no puedo evitarlo. Cantar, al final, tampoco apacigua mi alma. Y el altar… Ese espacio tan amplio… Ese mármol frío, con la altura perfecta para casi cualquier postura. Si estuvieras aquí me cogerías entre tus brazos, acoplándome a ambos lados de tus caderas, quemando mi pelvis con el ardor de tu bragueta encendida. Dedos férreos para trabajar mi cuerpo sin pudor y sin miramientos. Manos que me depositaran sobre la piedra, que me mantuvieran abierta, que me destrozaran las débiles protestas sofocando mi boca. Allí arriba, a la vista de todos, expuestos… como siempre nos ha gustado. Escandalosos y exhibicionistas. Que nos miren, que nos deseen, que nos envidien. Que me poseas salvajemente sobre la superficie del altar con ese miembro imparable. Fuerte, potente, inflexible. Escote abierto rasgado mostrando mis pechos moverse al ritmo que marcan tus caderas, falda arremolinada entre ambos y depositada de cualquier forma sobre mi abdomen, ese vientre que se hincha cada vez que me penetras. Mis caderas arqueadas para recibir el calor de tu semen, dispuestas siempre a la sensación delirante de tu parte al derramarse. Sudor en la piel, incienso en el aire. Cánticos y salmos responsoriales. Rezos en la lejanía para el perdón de nuestras almas. Gargantas rasgadas que entre jadeos anhelan la saliva del otro. Las bocas se necesitan, pero no se encuentran; los ojos se devoran y se clavan como te clavas tú en el terreno preparado a conciencia.
Photobucket


Perverso macho que me encabrita hasta la locura cada vez que me penetras. Pues entiérrame bajo tu peso, que no pongo peros. Necesito a estas alturas el consuelo de tu boca y tu lengua. Imaginar que tenemos sexo nuevamente no es ahora consuelo, sino tortura. Imaginarte en mí en la iglesia mientras me dan la paz. Dar la mano con la que hace nada me aferraba a tu virilidad. Esconderla, luego, para masturbarme bajo el chal enrollado, separando púdicamente las piernas. ¿Consuelo, o tortura? Gemidos, blasfemias. Y me corro mientras encomiendo a Dios mi siguiente orgasmo.

viernes, 19 de agosto de 2011

яαzσиєѕ?

No hay razon para seguir esperando por ti no hay razon para estar pensando en ti no hay manera de olvidarme de ti no hay forma ni fecha para renunciar a ti

no se que busco aferrandome asi tal vez darme cuenta que me enamore tal vez darme cuenta que me equivoque en verdad no lo se, y quizas nunca lo sabre

no se que gano diciendo una vez mas lo que aun siento por ti pero se que no pierdo mucho al volverlo a decir no se que quiero al volverte a ver pero se que puede ser la ultima vez q me vuelvas a ver